El diseño como puerto
de conexión humana
Un puerto es tradicionalmente un lugar frente a un cuerpo de agua, en donde llegan cosas y personas… y de donde se van.
Es un lugar de intercambio, de comienzos y finales, de contemplación e introspección.
Podríamos decir que el puerto es infraestructura e interfase.
Recientemente me invitaron a dirigir la remodelación de un puerto, y más allá de la actividad relacionada con ese proyecto, que de entrada es compleja e interesante, lo que me gusta es la idea de estar y pensar en un puerto.
Cuando estás parado al borde de un malecón, de un muelle, de una vasta cantidad de agua y viendo hacia el horizonte, se crea un momento de conexión.
Algo parecido sucede cuando estamos frente a un gran diseño, el diseño de ese objeto se vuelve un puerto o portal.
El problema es que hoy cada vez más vivimos dentro y entre puertos digitales.
En mi caso son imágenes, videos y reels sobre coches clásicos, ciclismo, relojería, arquitectura, música, podcasts y una buena cantidad de pedazos de entrevistas o monólogos de “late night shows” como el de Jimmy Kimmel, Jimmy Fallon, Stephen Colbert y SNL. De repente por ahí aparece algo más relevante, menos trivial, más importante; por ejemplo ayer un video del conflicto en Los Angeles, otro post sobre el conflicto en Gaza y Yuval Noah Harari en algún lado recordándonos el fin del mundo (“as we know it”, como diría REM).
Estos puertos digitales, en esta era, son casi imposibles de evitar.
La razón por la cual abrimos alguna de estas plataformas o redes es para distraernos y escapar un momento de lo que mayormente ocupa nuestra mente.
El constante estado de resolución, enfoque, reinvención, resiliencia, creatividad, dirección, estrategia y al mismo tiempo claridad de pensamiento y buen humor, es bastante demandante energéticamente, como para encima ponerme a ver videos o contenido que en su mayoría son malas noticias, realidades duras, violencia y fatalismos.
De modo que El Ojo Entrenado es a veces el algoritmo entrenado, incluso en YouTube hasta hace poco tenía apagado el “history” para que el algoritmo no me recomendara cosas, si no que más bien sean búsquedas nuevas de temas en mi cabeza o lo que arrojan las suscripciones que ya tengo.
¿Podemos navegar el mundo así? ¿Sin que nos afecten los streams de política o activismo? ¿Cuáles son nuestros puertos de paz mental?
¡Eso es!… El diseño nos salva, el diseño es un puerto hacia lo humano.
Pienso inmediatamente en la bicicleta de acero XCr, la taza de café de Jasper Morrison, el lapicero Rotring…
Qué delicia es abrir la revista El Croquis y quedar hipnotizado observando una piscina en Cerdeña, diseñada por Alberto Ponis… en donde no hay tiempo, ni Inteligencia Artificial, sólo rocas, mar abierto y una casa de gran diseño.
El peso y tacto de la pluma diseñada por mi buen amigo Iker Ortiz, un cilindro de acero inoxidable cepillado, que desaparece la unión de la tapa y el cuerpo cuando está enroscada, ese escape mental de sostener algo en tus manos que te sorprende y desconecta del exterior. Más aún si lo usas para escribir o dibujar.
Sincronísticamente acabo de escuchar éste Ted Talk en donde Amie McNee dice:
“Art is Activism”
Espectacular discurso y concepto, incluso diría medular para sobrevivir ésta era.
El buen diseño de una casa o una taza también es una forma de activismo.
Porque cuando tocas, sientes, observas, escuchas un objeto o un espacio, inmediatamente te conectas con las personas que están detrás de ese diseño, y te recuerda que estás vivo.
Hay una enorme cantidad de humanidad concentrada en el diseño de un objeto, que supera cualquier mala noticia, cualquier problema. El tiempo dedicado a resolver ese objeto, ese problema, ese lugar… las horas de energía y pensamiento detrás, son un acto de humanidad pura.
Propongo que tengamos al diseño como un puerto para conectarnos con nosotros mismos y con el mundo, en el formato que más les guste o haga sentido, puede ser la bicicleta, los zapatos de correr, la silla, la pluma… o el libro de arquitecturas infinitas.
H.


