Noroeste
La llave del Jeep estaba guardada adentro de un candado de combinación diseñado para embonar en el “jalón” de acero, debajo de la defensa y de la llanta de refacción típica de estos vehículos.
Para los que tenemos “jalones” y racks en los coches este tipo de cosas tontas nos hacen felices, es como si de entrada te den la bienvenida con algo de tu mundo… pensé: ¡Qué gran invento para ir a correr o a la bici y no perder la llave! (Ya me pasó).
A las 10 p.m. no se entiende mucho en que tipo de ciudad de Estados Unidos estás, ya que el primer contacto suele ser con enormes autopistas laberínticas perfectamente señalizadas e iluminadas pero todas iguales, en segundo plano algunos edificios genéricos.
Manejamos una hora aproximadamente para terminar parados en completa oscuridad frente a una cabaña en medio de la nada, rodeados de lo que parecía un gran bosque y nada más.
Unos meses antes me apunté -sobretodo a la idea- de correr un maratón que fuera “clasificatorio para Boston” y lograr calificar antes o para mis 50 años, un reto en sí aventado y aventurado dentro de la logística de correr un maratón.
La única opción que quedaba para hacerlo antes de tener que esperar todo un año para poder volver a intentarlo era en este lugar no convencional, muy arriba al noroeste.
A las 6 a.m. de la mañana siguiente salí a mi corrida de afloje… “los objetos habían ganado forma”… como escribe Alan Lightman en Einstein’s Dreams.
Ya no parecía que estábamos tan solos en medio de la nada porque algunas otras casas se veían alrededor. Snoqualmie Pass es un Ski Resort en invierno y paraíso de “outdoors” en verano, ubicado al sureste de Seattle Washington.
Los “pases de montaña” en cualquier lugar del mundo son sinónimo de paisajes espectaculares, deportes de exterior, fauna y vegetación abundante… pero para mí son esta tensión dramática entre grandes montañas en primer plano y sutiles elementos de infraestructura humana como carreteras y arquitectura, ésta ultima más autentica por funcionalidad que por capricho.
Ganesh también había salido a su corrida de afloje, éramos vecinos, el venía de Chicago para correr el maratón, en este mundo de hacer cosas un tanto excéntricas cualquier encuentro con alguien de tu especie es un amigo automático. Después de unos minutos ya nos habíamos platicado nuestras estrategias de entrenamiento y filosofías… a Mariana y las niñas, que veían por la ventana, les divertía el hecho que no había pasado ni una hora afuera y yo ya tenía un amigo.
Snoqualmie y North Bend son una especie de ecosistema Lynchiano (de David Lynch) en donde no solamente se filmaron ahí las locaciones de Twin Peaks, sino que también verdaderamente la textura del tejido urbano, la gente, la luz ambiental… son diferentes, raros.
Estamos acostumbrados a viajar a los lugares “mainstream” de Estados Unidos, pero aquí todo tiene una sensación distinta, incluso Seattle en donde pasamos algunas mañanas y tardes, parece otra realidad dentro del mismo país, no sé exactamente qué palabra usar para describirlo pero se me ocurre elegante.
7 a.m. del día siguiente estaba parado-caminando-dando vueltas observando un poco sorprendido del lugar y el momento. Alrededor montañas altas con nubes atoradas, abajo el camino de tierra y piedras, la salida del maratón… gente haciendo todo tipo de rituales previos, la mayoría muy seguros (al parecer) de su entrenamiento, de su elección de zapatos para correr, de su vestimenta y de sus tatuajes en algunos casos.
Los nervios se acentúan cuando ves a un tipo pelón y musculoso sin camiseta (hacía frío) con un tatuaje de águila cubriendo todo su pecho y extendiéndose hacia los brazos, con el nombre de Vlad Something (en ruso, eslovaco o algo) sobre su numero de bib en la cintura… formándose detrás del “rabbit” con el letrero de 3:15:00 horas.
Para calificar yo tenía que correr este maratón en 3:20:00 hrs oficiales y 3:15:00 hrs reales (los tiempos para el maratón de Boston han ido bajando entre 5 y 7 minutos del BQ (Boston Qualifier) oficial por categoría.
La mayoría de la gente en la salida estaba usando “super shoes”, este trend de apostarle más a la tecnología del zapato y poco menos a los amortiguadores y resortes naturales de las piernas… pero cada quien sus cubas y su técnica, o como dicen por ahí “lo que te funcione”… pero de alguna manera algo no me empezó a cuadrar, yo sabía que me había apuntado a un BQ de bajadita y con superficie de grava “compactada”… para lo cual me entrené… ¿verdad?
Pues no tanto, después de correr 4 kilómetros adentro de un túnel oscuro en manada sin control del paso y particularmente a partir del kilómetro 26, de ir bajando gradualmente sobre un camino con muchas piedras no tan compactas y que había que ir en zigzag, escogiendo cuál de los dos “tracks” estaba más plano, con menos piedras, esquivando gente en bicicletas de Gravel en sentido contrario (que la verdad me gustaba ver)… las piernas empezaron a doler… el corazón, condición y alimentación muy bien, pero los cuádriceps dolían mucho, ya no respondían a la velocidad que trataba de meter para el BQ.
En ese momento que ya no me daban los números me dediqué a disfrutar el paisaje, cruzando varios puentes sobre bosques espectaculares… había muy poca gente echando porras, como era de esperarse en una carrera chica, no es uno de los maratones populares… pero de las pocas personas que había apoyando a la orilla era una mexicana/americana con la bandera de México en su camiseta de correr, que cuando le grité ¡Viva México! se emocionó tanto que me dio la energía que me faltaba para los últimos 10Km.
En el kilómetro 42 no se veía la meta, la distancia del maratón es 42.195 Km, esos 195 metros restantes estaban escondidos pasando una curva y muy a lo lejos se veía la meta, recuerdo haber pensado… “¡madres!” esos son 195 metros y allá al final está mi familia.
En esos 195 metros te vienen las emociones, los agradecimientos, los recuerdos… ahí en ese último esfuerzo es en donde finalmente te alcanzas… de adonde quiera que te hayas ido corriendo y hacia donde quieras seguir yendo, para convertirte en quien quieres ser.
3:31:40 hrs de perseguirte a ti mismo.
Hacia el final del viaje subimos todavía más al noroeste, a un lugar ubicado prácticamente en la frontera con Canadá llamado Taylor Shellfish Farms, en Bow y hacia Samish, Washington. Una granja/restaurante de cultivo de ostras a las orillas del agua en una especie de fiordo frente a islas y vistas de tierras lejanas. Parecía el final del mundo.
Un lugar que ya está en mi Top 10 de lugares en el mundo. Comimos delicioso, las niñas y nosotros no nos acabábamos el paisaje y la naturaleza, definitivamente el tiempo ahí no había pasado, las noticias del avance de gobiernos autoritarios, inteligencia artificial, elecciones de gobierno, violencia en el mundo, no existen.
Ahí todo está en una realidad alterna… en un tiempo y espacio lento.
El fenómeno conocido como “marathon blues” se asocia a este conjunto de reflexiones y sentimientos posteriores a semejante esfuerzo. Suelo ser “echado para adelante” y no me detengo mucho a intelectualizar las cosas, aunque he corrido anteriormente maratones, medios Ironman y carreras de bici largas, no pienso mucho en lo que representan física y mentalmente hasta que ya estoy ahí.
Esta experiencia me ha hecho pensar y reconocer profundamente a la gente que hace estas cosas, se me olvida que un maratón no es un medio maratón… tengo mucha admiración y respeto por los que ya han logrado correr a la velocidad que se necesita para calificar o simplemente correr para terminar, en la bola de locos sin camisa y zapatos extraños que se presentan en una salida en medio de la nada para dar por concluida una etapa de entrenamiento en la que cada quien en su lugar y su mundo, por 4 meses, fueron la mejor versión de persona que pudo ser.
H.










¡Felicidades!
“…..ahí en ese último esfuerzo es en donde finalmente te alcanzas… de donde quiera que te hayas ido corriendo y hacia donde quieras seguir yendo, para convertirte en quien quieres ser.”
Love u bro.