Submarino
En algún punto del año, completamente revolcado y sin rumbo, logré bajar a las profundidades.
Me fui más allá, debajo de las olas donde la luz se atenúa y el agua está en calma. En donde si volteas hacia arriba puedes ver a lo lejos los rayos del sol iluminando burbujas de pensamientos.
Ahí abajo, eventualmente, gracias a una suerte de memoria aplastada y acción desesperada, recuperé un conocimiento empolvado.
Y fue a partir de ahí que en la superficie se quedó la ansiedad colectiva, los silos de información, la incertidumbre, los vaticinios sobre el fin del mundo, los gobiernos y gobernantes, la violencia a vuelta de canal, el declive de valores.
Secretamente luchamos por mantenernos, en familia, en círculos y comunidades, adictos al smartphone. Incapaces de poder decidir algo sin consultar los datos, buscando auto-ayudarnos, enseñar y aprender, reírnos y guiarnos… todo con el aparato rectangular.
Sobre las olas mi regatta de aprendizaje kármico, de un reto a otro, sin pausa, de una frecuencia insoportable, mientras que abajo, poco a poco todo se empezó a convertir en una paz desconcertante.
¿Cómo es que podía estar suspendido con mi escafandra de bronce, en mi Nautilus, viviendo todo sin mi corazón acelerado?
Cuando estás en el fondo, en donde todos los océanos y mares se conectan haciendo un campo unificado, estás en silencio, en paz, y te diluyes en la inmensidad.
Eres uno con todo.
Desde mi submarino empecé a trabajar en la estrategia. Extendí las cartas de navegación y tracé los puntos.
Deshacer nudos cuánticos en el campo relativo requiere trascender, para luego darse cuenta que todo y nada es lo mismo, lo ganado y lo perdido simplemente es.
Bajo el efecto de claridad en las profundidades, de ecuanimidad y empatía, logré elevarme sin subir.
Siempre me ha gustado la idea de saltar al agua, es un acto de fe, aporta carácter y no tienes nada que perder; mi hija lo hace en cada competencia de natación, con el agua a veces muy fría, junto a otros nadadores que van contra ella y contra ellos mismos.
La admiro y aprendo porque se requiere de mucho valor y coraje saltar al agua para perseguirte a ti mismo.
Ahora, cada amanecer abro los ojos y salto al agua, para bucear en mi consciencia, para resolver y ser… luego más tarde lo vuelvo a hacer.
Dice la gente que el 2025 fue un año muy difícil. Para mi podría ser el peor y el mejor. No suelo buscar confort en lo que le pasa a la demás gente, pero este año ese sentimiento sí fue una constante recurrente.
Hay un antes y un después. Muchos “hasta aquí”… muchas bendiciones.
Les deseo para el 2026 un carril de nado, exploraciones submarinas internas, proyectos de abundancia, de paz, humanismo y amor.
Gracias 2025.
H.



Wow que hermosa reflexión! 🤔 te amo hijo